La Orquesta Sinfónica de Szeged, bajo la batuta de Günter Neuhold, quien se mostró muy detallista y conocedor de la exuberante orquestación de la obra, desplegó toda su paleta de posibilidades y su buen hacer, logrando un color y una diversidad de timbres que llenaron y sedujeron el auditorio con acertada intensidad y gran calidad.
La Orquesta de Szeged (excelente conjunto) empezó sonando bien y acabó la ópera sonando mejor, contribuyendo a la línea ascendente de mejoría global, bajo las órdenes del maestro Marco Boemi.”
“De excelente ha de reputarse el trabajo de la magiar Orquesta Sinfónica de Szeged, de cuyo bien hacer ya ha dejado constancia en dos anteriores ocasiones en las riberas del Nervión. Su labor resultó brillante, siempre equilibrada y dejándose oir con mucho agrado, sin atosigar en volumen a los cantantes.”
“La Orquesta de Szeged demuestra otra vez su capacidad y conocimiento de la obra (aunque nueva para la formación). Sonido sugerente de foso, metal algo apagado y buena.”
“La Orquesta de Szeged (Hungría) dio un repaso a la mayoría de las agrupaciones sinfónicas que pululan por nuestros fosos: por entrega, disciplina, dominio del estilo teatral y cohesión.”
“Esta “walkiria” ha contado además con una orquesta superior a las que son habituales en el foso del Euskalduna y no en sentido numérico, sino con respecto a la calidad de sus instrumentistas, a la homogeneidad de su sonido y a la experta batuta del maestro Hauschild, quien hizo posible que la obra mantuviera una gran calidad a lo largo de sus cuatro horas de duración.”
“Qué conjunto el húngaro, incisivo, con vida y relieve propios: qué cuerdas y maderas expresivas, qué metales empastados. En manos de Wolf-Dieter Hauschild se nos revela un instrumento maleable, seguro, de rápida y puntual respuesta, capaz de un amplio arco dinámico, cuán lejos de la (en el mejor de los casos) proba grisura de los nuestros.”
“Este complejo drama de la densa mitología teutona, que constituye la primera jornada de la tetralogía wagneriana, titulada El Anillo del Nibelungo, ha supuesto el descubrimiento de una gran orquesta, la húngara Sinfónica de Szeged, gracias a la cual no existió ninguna caída musical en una ópera de casi cinco horas de duración, incluidos descansos.
El trabajo que se desarrolló en el foso orquestal fue realmente fantástico, tanto por la pulcritud de los sonidos, como por la ejemplarizante conjunción de sus distintas secciones, con un metal siempre rico y uniforme (estupendas las cuatro tubas wagnerianas) y por una cuerda transmisora de constantes emociones, destacando en el lirismo de la última escena del tercer acto entre Wotan y Brünnhilde. La segura y conocedora batuta de Hauschild no fue ajena a dicho incuestionable éxito.”